Frank Miller, la mayor leyenda del cómic, llega a la Crack Bang Boom de Rosario

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Los chicos y chicas hicieron fila durante años. Que Frank Miller venga a la Argentina, para un fan de la historieta, es mucho, es algo grande, es tener enfrente suyo al guionista y dibujante que alteró al arte del cómic para siempre. Es decir, ya nadie pudo desmerecer al cómic después de Frank Miller, lo convirtió en una fuerza que afectaría años después a la cultura pop contemporánea y a su conversación. No solo le dio la legitimación que pedía la megaindustria del mainstream: le dio poder y profundidad, oscuridad y violencia, belleza corrupta, contienda filosófica, un lugar en la discusión del mundo y la naturaleza humana. El cómic con Miller, más que nunca, tenía las herramientas para discutir al mundo.

En 1986, su miniserie de cuatro números Batman: The Dark Knight Returns mostraba a un Bruce Wayne algunos años mayor, retirado del traje de Batman, en guerra con sus propios demonios que regresaba a una Ciudad Gótica notoriamente destruida en su moral, plagada de pandillas, que regresaba a la máscara para imponer el orden entre nuevos y viejos enemigos, atormentado por su propio murciélago interior, el fantasma de la muerte a balazos de sus padres, lo que lo volvió Batman en un primer lugar.

Entre un debate televisivo constante entre progresistas y punitivistas que discutían cuál era el rol del Caballero Oscuro, si era una fuerza del bien o un sociópata, Batman desafiaba a la propia policía, a Superman, a quien se enfrenta a golpes en el último número, cazaba al Guasón hasta verlo morir luego de que su enemigo máximo masacrara a 600 personas con su gas venenoso en un estudio de televisión. Batman en el camino reclutaba a un nuevo Robin, una chica, Carrie Kelley, años después de la muerte del segundo Robin, Jason Todd: los paneles dibujados por Miller de Batman y la nueva Robin cruzando el cielo negruzco de Ciudad Gótica son quizás el momento más glorioso del cómic americano de los años 80s.

Dark Knight es una de las narrativas esenciales de la historieta moderna y es la marca que en la mente de muchísimos fans mide todo lo que llama Batman. El Murciélago no habría llegado al cine sin cómics como éstos. Miller, influenciado por el film noir, la voluptuosidad en blanco y negro de dibujantes como Guido Crepax y el manga japonés de Kazuo Kojima, nunca se detuvo, por otra parte: su 300, luego adaptada al cine, es por lo menos célebre, su saga Sin City mucho más.

Miller llega hoy a Rosario para los cuatro días de Crack Bang Boom, la convención de cómics que se celebra por octava vez en Rosario. Dará varias charlas a lo largo de lo que queda de la semana en el Teatro La Comedia, una de ellas junto al guionista Brian Azzarello, uno de los mayores pesos pesados del comic noir moderno junto a Miller, el creador de 100 Bullets y luego guionista de Wonder Woman, que visita Crack Bang Boom por segunda vez. La fórmula Dark Knight probó ser recurrente para Miller: el guionista y dibujante lanzó su tercera versión, The Master Race, con Azzarello como co-guionista entre noviembre de 2015 y junio último.

El dibujante cordobés Eduardo Risso es el histórico co-equiper de Azzarello en DC Comics y Vertigo, su línea de cómics para una audencia madura, una suerte de contrasentido editorial: juntos no solo hicieron 100 Bullets sino también historias como Spaceman e intervenciones en Batman como Broken City. Risso, uno de los nombres argentinos más respetados en el mercado americano, es el creador de Crack Bang Boom.

Hoy, Crack Bang Boom, realizada en conjunto con la Municipalidad de Rosario, nuclea a fans de todo el país: las plazas hoteleras están agotadas para el fin de semana. No solo se trata de Azzarello o Risso, por otra parte: Crack Bang Boom, tal como lo hicieron Fantabaires y Comicópolis, condensa y da lugar a la escena de fanzines y pequeñas editoriales de historieta argentina, a creadores como Ayar B., Berliac, Loris Z., a firmas como La Pinta en sus charlas y stands. Habrá homenajes a Hugo Pratt, a Quino, a Roberto Fontanarrosa.

Risso habla con Infobae.

— Con Azzarello son una dupla establecida, es la segunda vez que viene a la convención.

—Si fuese por él vendría todos los años. Le gusta el evento. Si le gusta el evento, va. Hay uno en Polonia al que fue cuatro veces. Acá ocurre lo mismo, pero yo no quiero abusar, si no se tiene que pagar el pasaje él. Me parece un despropósito. El año pasado vino con Jill Thompson, su mujer, una mega dibujante, que también se copó. Todos firman puertas de adentro. Sacó la mesa afuera para firmar, al sol.

— Vienen por el amor a los fans, que aman a los creadores.

— Frank Miller también se copó, sino no le podemos pagar su cachet. Viene porque se copa con el festival, porque sabe que es un evento cultural que se hace a pulmón.

— ¿No cobró su cachet?

— No hay forma de pagar lo que cobra. Con Inoue Hiroaki pasó lo mismo. Se paga los pasajes. Viene por un solo día.

— Estuviste en la Comic-Con de San Diego, en convenciones a lo largo del mundo. Lo habrás visto: no hay fan más afectuoso que el fan de la historieta.

— Te digo que me costó entender a los fanáticos. Cada vez que vas a un evento te encontrás con tipos que te traen hasta regalos que no me los puedo llevar. Yo no soy fanático del cómic, soy de una generación en donde no existía apreciar el producto como una cosa loca, un objeto cultural. Una revista de historieta la canjeabas, la perdías…

— Hubo una convención de historietas durante la dictadura, la Bienal del Humor y la Historieta de Córdoba, donde vinieron Hugo Pratt, creador de Cortomaltés y Moebius en 1970.

— Sí, fue durante la dictadura. Pero no fui. Era muy chico, no había terminado el colegio todavía. Vi fotos, igual. Era una cosa de locos.

— La convención es parte de la vida cultural de Rosario.

— Y es un referente turístico, ya rompió con la expectativa de ser un evento cultural, la prueba de fuego está ampliamente pasada. Vienen de todo el país en colectivos. A nosotros no nos queda un mango. Trabajamos por la camiseta.

— ¿Cómo lo apalabraste a Miller? Creo que desde Neil Gaiman, el autor de The Sandman y American Gods que vino a Fantabaires en 1998, que no viene alguien de tanto peso.

— Estábamos en la Comic-Con de New York del año pasado con Brian, que estaba trabajando con Miller en Dark Knight III. Entonces Azzarello me dice si quería ir al estudio de Miller, que era en Manhattan, cerca de la convención. Llegamos, todo muy buena onda. Y justo estaban su manager, que sabía del evento, que algo había escuchado. Me pidió que le cuente y me dijo: “Ah, pero ese es el tipo de eventos al que Frank le gusta ir”. Le digo que sí, ¡que me encantaría tenerlo como invitado, pero no puedo pagarle! Y la manager me contesta: “Pero Frank no cobra a cada evento que va”. Así que bueno, la invitación estaba hecha. Lo habló con Miller, pasaron unos días y me escribe: “Frank quiere ir”. De una me salió, primera vez que no tengo que renegar de un invitado internacional. A todos los creadores amigos siempre les decía: “Che, vendrías a un evento en Argentina”. “Sí, sí, me encantaría”, te dicen, pero al final tienen un evento, etcétera. Tenés que entrar en la agenda de un invitado internacional con un año de anticipación. Yo, que soy un don nadie, tengo invitados reservados para todo 2018 y tengo uno para 2019.

— Desde el primer Fantabaires en Unione e Benevolenza sobre la calle Perón que la escena de fanzines estuvo presente, siempre. Es un básico de cada convención hecha en Argentina.

— Más vale. ¿Para qué hacemos un evento si no? Mi idea cuando hice Crack Bang Boom era que se motorice la historieta argentina. Si no hacés eso, ¿para qué? ¿Para que nos juntemos los dibujantes y los fanas? Tiene que servir para motorizar. Sé que hay gente que antes no leía cómics y hoy los lee por ir a Crack Bang Boom, porque pasó por la vera del Paraná y vio el cosplay. Y es una puerta de entrada hermosa para la lectura, para que los chicos lean.

— Crack Bang Boom, por tu parte, habla de cómo los artistas argentinos ingresaron en el cómic estadounidense. La historia es larga: Ariel Olivetti, Jorge Lucas, Al Barrionuevo…

— Mmm, mirá. Hay, ponele, cinco escuelas de historieta en el mundo, cinco formas de hacerlas. Está la americana clásica, la de DC y Marvel, la americana independiente, la europea, la francesa específicamente. Y está la argentina, célebre por su uso del blanco y negro. Crack Boom Bang reivindica esa escuela.

— ¿Miller lee historieta argentina?

— Estábamos en un bar y le pregunto a Frank: “Vos tenés que haber leído a Alberto Breccia”. Y me respondió: “Of course! ¡Uno de mis mentores!” Es así, Miller recontra conoce la historieta argentina. Fue uno de los primeros en mirar hacia afuera y mirar hacia acá.

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