Boris Muñoz: “El chavismo pasó de la autocracia a la dictablanda y ahora a la dictadura”

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Medellín-. El pasado viernes en el marco del Festival Gabo, celebrado en Medellín, el periodista mexicano Jorge Ramos, quien fue distinguido con el Reconocimiento a la Excelencia, manifestó que no hay nada que le moleste más a los dictadores que se informe fuera de su país lo que sucede puertas adentro. En efecto, hoy no es cosa sencilla saber lo que ocurre en Venezuela. El régimen de Nicolás Maduro cuenta con un extenso monopolio a su merced, mientras cada vez son más los medios opositores que deben cerrar por diferentes circunstancias. Aún más grave es la persecución, descalificación, y hasta amenazas que sufren los periodistas que se atreven a denunciar los atropellos de la dictadura chavista.

En ese contexto, los periodistas venezolanos hoy en día tienen un gran desafío: informar al mundo lo que ocurre sorteando la censura y el hostigamiento del régimen.

En diálogo con Infobae, en la ciudad de Medellín, Boris Muñoz, actual editor de Opinión para el New York Times en Español, hizo un balance del ejercicio del periodismo en su país y analizó la situación política.

-¿Cómo se puede ejercer el periodismo en un país como Venezuela, donde el régimen censura, persigue y hasta encarcela a periodistas de medios opositores o a usuarios de Twitter que denuncian algún tipo de atropello?

– Aclaro, yo hace ocho años que no estoy en Venezuela. Pero en esos ocho años igual he hecho periodismo en Venezuela, adonde no voy hace un año y tres meses por cuestiones de trabajo. Hacer periodismo en Venezuela es como subir una gran montaña llena de obstáculos que tienen que ver con el acceso a la información, con la censura, con las limitaciones económicas, y con las limitaciones de sesgo, de las que se hace cada vez más difícil sustraerse porque el periodismo es uno de los enemigos públicos del gobierno, entonces los periodistas mismos se ven en la situación de tener que reportar sobre sí mismos y ser un blanco de ataques constantes, de descrédito, por medio de una campaña orquestada con muchos recursos y con medios propios para desvirtuar el trabajo periodístico a través de los fake news, que es una maquinaria de propaganda del gobierno.

En ese ambiente se produce el periodismo hoy en Venezuela. Un ambiente viciado, con mucha dificultad, con carencias, en la que sin embargo hay medios serios que hacen trabajos de calidad, a pesar de que también los medios tradicionales de periodismo en Venezuela han caído víctimas de esta guerra mediática que se inició hace 15 años o más. Desde el principio de la época de Chávez, pero con más énfasis en los últimos 15 años, hay una guerra mediática en Venezuela. Es curioso que en Venezuela se siga produciendo periodismo, en este ambiente tan ácido, tan hostil, a la democracia, la libertad de expresión, y la circulación de ideas.

-Con tu experiencia como corresponsal, ¿cuál es el principal foco que debería tener un periodista extranjero en Caracas para contar al mundo lo que pasa en Venezuela?

– Hacer una búsqueda desde adentro. Un reporteo a partir de cómo viven los venezolanos hoy. Un trabajo que muestre dónde está colapsando el país, ya sea en el sector salud, alimentos…

-Durante los casi cinco meses de protestas, las redes sociales fueron el principal canal de información para los medios extranjeros. ¿Qué rol cumplen?

– Las redes sociales sirven mucho para sacar información inmediata, información un poco cruda. Por eso se necesita al periodismo para que la información tenga un trasfondo, un contexto, y una sustancia que va más allá del acontecimiento. El periodista es un instrumento, un mediador, para poder explicar la realidad. La realidad por sí sola no se explica. Las redes sociales son potenciadoras de esa realidad. En el medio se necesita al periodismo para contextualizarla, verificarla. Por eso es una suerte que existan. Pero de ninguna manera sustituyen el rol del periodismo.

-El chavismo ya amenazó con censurarlas también…

-Ese es el próximo paso. Hay que entender que desde la muerte de Chávez, el gobierno pasó de ser una autocracia competitiva, donde había cierta capacidad de apuesta política, había instituciones semi disfuncionales, con un liderazgo muy fuerte de Chávez. En ausencia de ese liderazgo, todo ese tinglado, esa escenografía democrática se desmoronó. Por eso el proceso político pasó de la autocracia a la dictablanda y ahora a la dictadura. En este momento vemos el triunfo de la dictadura, después de haberse quitado la careta, o haber creado una caricatura de instituciones, primero anulando la Asamblea Nacional, y luego con esa especie de fantochada, más trágica que cómica, llamada Asamblea Constituyente, que está diseñando el poder de facto en Venezuela. El resultado de esa Constituyente va a ser un nueva sistema legal constitucional para crear un gobierno dictatorial, con partido único.

-¿Ese es el camino? ¿Ir a un partido único en Venezuela?

– Sí, ese es el camino. O un partido único de hecho… No hay democracia en Venezuela en este momento. Está suspendida. El gran esfuerzo es que se restituya, que vuelva el calendario electoral, que es lo más crítico. Más allá incluso, y con el perdón de mis compatriotas, que la liberación de los presos políticos. La entrada de una ayuda humanitaria, que es indispensable… Pero sobre todo es indispensable un calendario electoral real, con una nueva administración de la autoridad electoral porque ya sabemos que hubo un fraude. No sólo un fraude en diseño, sino un robo de votos millonario. Lo que pasa es que la amnesia que vivimos en general, envueltos en el gobierno de la información, hace que nos olvidemos del punto de referencia. Este es un gobierno que no tiene ningún tipo de legitimidad más que la de la fuerza, es un gobierno militar.

-Con la instalación de la Asamblea Constituyente Maduro logró congelar un poco la tensión, y en pocos días se van a desarrollar las cuestionadas elecciones regionales. ¿Hay una salida cercana?

– Hacer un pronóstico es aventurado. En Venezuela la imprevisibilidad, la ilusión del final que se prolonga, es una caja china que tiene un final dentro de otro final, y esto no se acaba. Es como la película Brasil, uno cuando siente que se va a acabar, empieza otra vez, y de manera más dura, más cruenta, más cínica. Todos esos calificativos los uso con propiedad para decir que es muy difícil que haya una salida en este momento.

Pero, y este pero es importante, también están las condiciones dadas para esa salida. Porque el Gobierno logró controlar la protesta, ponerse en una posición negociadora, frente a otro contexto latinoamericano y mundial muy diferente, donde los personajes del Gobierno son cada vez más cuestionados, se les ponen en listas de personas non gratas, no sólo en Estados Unidos, en Canadá también, se le congelan cuentas… O sea, se les está cerrando el círculo desde afuera hacia adentro.

-¿Qué sostiene a Maduro y a la cúpula chavista en el poder?

La mano militar. Es un gobierno militar que ha recurrido a la represión, donde lo militar tiene una autonomía muy grande de lo civil, porque maneja los recursos del estado. Tienen empresas mineras, de producción de alimentos, manejan mafias, se dice que manejan el narcotráfico. Es un monopolio de la violencia a través de lo militar. Ese es el estado en el que está Venezuela. Eso le permitiría negociar una salida, y creo que sería un movimiento inteligente. Habrá que buscar una voluntad política general en América Latina, que la hubo en tiempos recientes, pero yo diría que un poco a destiempo, un poco tardía, para solucionar la crisis venezolana.

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