Sin política no hay gestión

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Entretelas de la política

En el Gobierno están padeciendo la incapacidad política de los CEOS que toman medidas. La idea es que ganan cómodos en octubre y piensan en las nuevas leyes para el mediano y largo plazo.

Carolina Stanley, junto a Macri, Vidal y Marcos Peña, en un acto en el que anunció un plan nacional para las personas con discapacidad.

de Economía

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El Gobierno cree que su destino depende más de las reformas económicas que pueda sancionar antes de fin de año, que del resultado electoral de octubre. Descuenta, mirando el horizonte de las encuestas, que ese resultado le será favorable y podrá tener la fuerza para lograr el voto de leyes que cree indispensables. Eso explica que los recortes, que hacen llorar a algunos, otros los festejen —y los premien— como pruebas de virtud fiscal. Para entender las decisiones políticas hay que localizar no sólo el interés, sino también cuál es el público al que se dirigen. El recorte de las pensiones para discapacitados —como antes el recorte de jubilaciones que sirvió de ensayo en diciembre pasado— es una medida que está destinada a halagar a los mercados y a sus analistas, que miden la calidad de la gestión financiera del Gobierno. Esas medidas, en cambio, son un horror para el público que mira el cortísimo plazo de las elecciones. La vuelta atrás en la revisión de las pensiones para discapacidades también es un mensaje para los analistas de mercado: ¿vieron cómo tenemos buenas intenciones, tanto que pagamos el costo político del recorte en plena campaña electoral? El resto —oficialismo y oposición— trina por ese estilo inmisericorde de cancelarle un pago a un paralítico, sin avisarle a nadie y menos a los amigos del Gobierno que podrían amortiguar el efecto negativo y explicar lo inexplicable, que de eso se trata la política.

Los CEO recortan y los políticos entran en pánico

Por eso el ánimo en la mesa de seguimiento de la economía que sesionó en Olivos el viernes no estaba tan caído como en los pasillos del Congreso. Tanto mortificó esa medida al ala política del oficialismo que Carolina Stanley, una de las “diosas” del Gabinete macrista, debió anunciar la anulación del recorte, pese a que los comunicólogos del Gobierno le habían aconsejado no hacer nada porque el tema declinaba en los medios y en los sondeos en profundidad (focus grupos, etcétera). El episodio renueva la bifurcación entre el ala política, horrorizada por estas impericias en plena campaña, y la mesa de los CEO que discuten el mediano y largo plazo, desacoplado del destino electoral del todos. ¿Y Macri dónde está?, pregunta uno.

Carolina Stanley, ministra de Desarrollo Social, debió salir a garantizar que las pensiones por invalidez se pagarían como siempre

Atiende las dos ventanillas, pero con preferencia por la segunda. Concentrado en el mediano plazo, lleva todas las reuniones de coordinación de Gabinete, casi con obsesión, hacia el cumplimiento de las metas de reducción del déficit al ritmo de un punto anual sobre el PBI. Y esto depende, según lo discutido en reuniones como la del viernes con Nicolás Dujovne, Mario Quintana y los legisladores de las comisiones económicas del Congreso (Luciano Laspina, Nicolás Massot, etcétera) de que la política le de aire a la economía.

Luna de miel

Por ejemplo, un triunfo electoral en octubre abrirá un lapso de luna de miel que permitirá, después de octubre y hasta el cierre de sesiones extraordinarias en diciembre, rematar el programa, con la aprobación de tres o cuatro leyes fundamentales. Una es la de responsabilidad fiscal, que compromete a las provincias a calzarse un cinturón de castidad para el gasto. Rogelio Frigerio me dice que espera tener negociado el proyecto con las provincias dentro de un paquete que incluye el acuerdo para un presupuesto 2018, que cumpla la meta de reducción de un punto del déficit. Otra es el demorado blanqueo laboral, una moratoria como la de los capitales que premie en serio, en el bolsillo —patronales y empleados— a quienes formalicen las relaciones laborales. Quizás, también, adelantar algún capítulo de la reforma fiscal. Los ortodoxos sostienen que el sistema fiscal es una relojería que no se puede abordar por partes. Los más audaces proponen descuartizar la iniciativa y llevarla por partes al Congreso. En esta ambición hay un punto de conciliación entre los senderos bifurcados: Olivos empieza a entender que sin política no hay economía. Las reformas de la mesa chica dependen de las destrezas del ala política. A los responsables del marketing les aterra que a todo esto el público le llame ajuste.

El randacismo extrañado, mira sin comprender

Contrasta esta confianza casi fatalista en la bonanza futura, con la crispación que gana en estas horas a todos los cuarteles políticos. La formación que conduce Cristina de Kirchner dio el salto que sus compañeros no esperaban, porque Florencio Randazzo y Julián Domínguez se cansaron de decir que ella no competiría. Pero el frente sin el PJ que inscribió el cristinismo no tiene sentido sin ella como candidata. Les espanta la duda sobre esta aventura del “Chino” Carlos Zannini. Preguntan en dónde está la trampa, en qué los van a caminar. Van a tener que dedicar esta semana no tanto a sumar gente, sino a impedir que se la saquen desde el cristinismo, o desde las listas del PJ que animan Mario Ishii y Guillermo Moreno.

Sergio Massa, líder del Frente Renovador, sería candidato a diputado para captar el voto peronista “anti” Cristina.

La ilusión de que el reglamento remedie el fracaso político

La decisión cristinista es cautiva de las encuestas y el final decidirá si éstas eran ciertas o equivocadas. Todos los sondeos le dan a ella un capital cercano al 30%, y Cristina no está para compartir ese capital con nadie. Algo parecido a lo que dicen los macristas de la Capital de Martín Lousteau, que quiere aprovechar el capital ajeno. En los dos casos, Cristina y el PRO han buscado que el reglamento les resuelva lo que no se logró por la política, ante Randazzo y Lousteau. Esas negatividades siempre se pagan porque nacen de la incapacidad para contener y negociar con los propios. Cristina repite el 2005, pero con un peronismo que viene de perder el poder y no tiene la caja que permiten ciertas aventuras.

Cristina revisa su idea de que los medios deciden todo

El formato, además, pone en cuestión muchos supuestos del cristinismo. Por ejemplo, que los medios y el marketing deciden en política. Con esta migración, Randazzo se queda con el 80% de los fondos del Estado para la campaña — cerca de$ 5 millones para las PASO y unos $ 10 millones para las generales. Lo tendrá que compartir con Ishii y las otras fracciones, que se anotaron seguramente para mojar de esas partidas: hacerlo ya es negocio para algunos. También Randazzo se queda con el mayor porcentaje de los espacios para publicidad audiovisual, que se reparte un 50% entre las fuerzas que compiten y el otro 50% según el voto de la elección a diputados nacionales de 2015. Quiere decir que Cristina tendrá poca cuota de pantalla, porque según la ley tampoco se pueden usar avisos pagados, sólo se autorizan los que da gratis el Estado. Sus acólitos dicen que no importa, porque el cholulismo político convierte hoy en noticias todo lo que haga. Intentará aprovechar en su beneficio el centimetraje que le han ayudado a construir sus detractores. Destruyó su crédito ante las clases medias por sostener la teoría de que los medios manipulaban la sociedad — base de la ley de medios—. Ahora se conduce como si descreyera de eso.

¿Y si todo no fuera más una ilusión de paso?

Las especulaciones están cargadas de fantasías, pero conviene reparar en algunos detalles con algo de racionalidad: 1) la experiencia dice que las elecciones generales suelen repetir el resultado de las PASO; 2) la diferencia en los sondeos entre Cristina y el resto es muy grande, o sea muy difícil de remontar. Acaso todo lo que vemos no sea más que una fantasía de PASO que se basa sobre la atención del círculo rojo por la rosca política, y que las generales desmentirán. La dificultad de los competidores de Cristina está en mantener los porcentajes que alcancen en esa gran encuesta que son las PASO, y rezan para que ella no se convierta, en la general, en una aspiradora de peronismo. Esto beneficia a Sergio Massa —que seguramente será candidato a diputado nacional, no a senador— que se beneficiará del voto peronista anti, que va a ser la tasa de corte para el peronismo en las elecciones de octubre.

Dos imprescindibles

Para los cazadores de detalles: tan apresurado fue el trámite de anotación de alianzas que el partido de Florencio Randazzo llegó flojo de papeles. Podrá sumarse a la alianza del PJ como adherente. Otra: Jorge Landau será su apoderado porque fue designado por el consejo partidario y tampoco firmó la alianza cristinista. Además, por el tumulto de última hora sigue siendo el consultor informal de todas las tribus del peronismo, algo que lo convierte en imprescindible. Como Alejandro Tullio, que dejó la Dirección Nacional Electoral en diciembre de 2015 pero sigue vigilando las elecciones como directivo del Correo argentino. Otro imprescindible. La última: esta semana los fogoneros del cristinismo saldrán a formalizar la adhesión a su alianza de los intendentes del PJ de cada municipio. Le servirá para exhibir pasión militante, pero no tendrá valor legal alguno porque la personería legal la tiene el partido provincial, y por ahora se lo quedó Randazzo.

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