¿Llegó el fin para los empleos seguros?

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El color del dinero

Hay quienes proponen pagar por proyectos en vez de por hora o mensual. Cómo se reorganizan las empresas y qué se requiere de los nuevos líderes.

Un robot humanoide en una fábrica de componentes en Japón.

de Economía

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Parece difícil debatir sobre la incertidumbre en ese escenario mágico que proporciona el principado de Mónaco que hizo del lujo y la sofisticación un estilo en el pequeño enclave entre Francia e Italia de 2 hectáreas. Pero los 1.000 participantes del seminario que organiza la consultora global EY para la entrega del premio al emprendedor del año, se ocuparon del tema. Allí se preguntaron si la incertidumbre puede ser una oportunidad. La elección de Mónaco resultó simbólica. El principado hizo de su diminuto territorio y de un acuerdo con Francia su oportunidad para ser el paraíso de la opulencia con los Ferrari, Lotus, Rolls Royce en versiones actuales y de décadas pasadas, el casino, la Opéra Garnier, los palacios y la belleza natural que el cine mostró en las películas de James Bond.

A juzgar por lo que se discutió, la incertidumbre impacta en el trabajo. Y la percepción es que no es esporádico y que aún cuando las cosas mejoren, no habrá más empleos seguros.

Tamara Erickson, profesora de la London Business School, sugiere que hay que cambiar la manera de retribuir el trabajo. Y que en vez de pagar por hora o mensualmente, se debe abonar por proyectos. “Las empresas son una sumatoria de proyectos y eso implica otro tipo de organización. Se necesitan personas inteligentes, que piensen y que sean parte de un desafío específico. Para autómatas o burócratas, está la inteligencia artificial”, dijo. En su visión, las corporaciones deben organizarse en función de proyectos en vez de territorios. Y desafió: “Olvídense de los manuales, para qué quieren un vicepresidente de Asia, ¿no es mejor poner el foco en lanzamientos o concentrarse en lo específico en vez de lo general. No va más la idea de gente organizada por territorios”.

Considerada una respetada experta en liderazgo, Erickson amplió a Clarín que “importa más la persona que lo que hace. En un planeta con alta inestabilidad política, cada aspecto del negocio tiene una persona específica. Ya no existe la carrera dentro de una misma empresa, la carrera consiste hoy en tener una reputación”.

Erickson razona que las coproraciones buscan personas que piensen, con una inteligencia que movilice. Y otro tipo de líderes: “La función del líder es generar un ambiente que estimule a pensar, a crear y a enfrentar el tsunami de la incertidumbre. ¿Cómo? Siendo abierto y estando muy dispuesto a escuchar”.

Mark Weinberger, el CEO de EY que con 250.000 personas en 150 países se ubica entre las llamadas big four, las consultoras más grandes del universo, contaba que están ayudando a la “transformación de las organizaciones”. Weinberger fue miembro del consejo de la seguridad social de Bill Clinton. Y se reservó el rol de entrevistador a la estrella de la conferencia, la actriz británica Kate Winslet, que saltó a la fama mundial con Titanic pero ganó el Oscar con la más comprometida, El lector.

Winslet desplegó todo su histrionismo para contar su infancia en una familia de actores y su realidad como una “madre que trabaja”. Y aguijoneó acerca de si la educación ayudará a transformar la gente y cuál es el grado de exclusión que genera este nuevo cuadro laboral. “No es un temor desproporcionado”, concluyó.

El testimonio de Mark Cuban fue otro con alto rating, por ser él mismo un típico self made man que comenzó vendiendo bolsas de basura puerta a puerta y ahora cuenta con una fortuna personal de US$ 3.400 millones, siendo dueño de Los Mavericks de Dallas y de la cadena de cines Landmark, entre otros negocios. “Aprendí más de mis peores jefes porque se aprende más del fracaso . Tengo la cultura del aprendizaje. Ser emprendedor es trabajar las 24 horas los 365 días del año, competir con el presente y con el futuro”. De pronto, un joven le dijo que soñaba trabajar con él y se acercó al estrado para entregarle su tarjeta. “Vos pensás que yo voy a mandar un mail. No, así no funciona”, fue la reacción de Cuban que partió la tarjeta en pedazos. El gesto decepcionó a algunos. Otros, lo aplaudieron de pie.

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