Un mural, una puerta a la vida en un campo de refugiados en Grecia

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Es un mural, pero no es cualquier mural. Es uno de los tres murales que hicieron durante una semana los chicos que viven en el campo de refugiados Eleonas en el oeste de Atenas, uno de los primeros sinikismoi (asentamientos, en griego) que se montaron en la capital de Grecia y que está a cargo del gobierno griego. Se trata del mismo campo que recientemente visitó la ex presidenta Cristina Kirchner durante su visita a ese país. Al mural lo hicieron los chicos y a ellos se sumaron algunos de los adultos que allí viven desde que salieron de sus países de origen.

Dividido en dos, Eleonas alberga a unas 2300 personas de más de 20 países que pasan allí y en containers sus días y sus noches. Aunque el gobierno es responsable del lugar, diferentes ongs colaboran con el campo y buscan que sus días sean menos difíciles a través de actividades como narraciones, torneos de fútbol, talleres de jardinería, danza o artesanías. Los campos de hoy serán las ciudades de mañana, dijo una vez Kilian Kleinschmidt, un funcionario de la ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados y esa filosofía es la que rige en quienes piensan que todo lo que se hace en los campos, tanto en materia de construcción como de agenda, debe tener esa mirada a futuro.

La pintura, en este caso, fue otra de las actividades elegidas en el marco de esta agenda. Un equipo de la Universidad chipriota de Nicosia junto con la ong Project Elea pilotearon la obra. Ellos llevaron los materiales y ayudaron a diseñar el mural, que reproduce los edificios de la ciudad de Atenas y la vegetación del lugar. Trabajaron con la técnica del stencil. Curiosamente, luego del diseño y la pintura, el muro se convirtió en una suerte de puerta a la vida de quienes están alojados allí.

“Una vez que entrás a un lugar así, solo podés sentir humildad, responsabilidad, decepción y admiración por partes iguales. Los asentamientos son representativos de lo que hoy son las complejas estructuras hegemónicas de la humanidad, que justamente dieron como resultado estos espacios”, dijo Evi Tselika, una historiadora del arte chipriota que estuvo a cargo de la actividad del mural. La especialidad de Tselika es el vínculo entre el arte y el compromiso social. La experiencia, asegura, no se parece a ninguna otra.

Días después de su trabajo en el campo de Atenas, Evi Tselika llegó a Kassel, Alemania, para la inauguración de Documenta, la gran muestra de arte contemporáneo que se realiza cada cinco años. Fue allí que la experta habló con Infobae. “No puedo dejar de pensar que soy una privilegiada: estoy aquí”, decía abriendo los ojos y moviendo las manos, al tiempo que señalaba las obras y la belleza que nos rodeaba. Fue entonces cuando, ante la pregunta por su tarea, contó lo que había sentido durante esos días de pintura del mural en Eleonas, un festival de sentimientos en realidad, que se concentraron en una pequeña historia.

“Un día llovía muchísimo. El día anterior nos habíamos divertido tirando bombitas de agua con pintura contra los muros del campo y los habíamos embadurnado por completo. La lluvia había provocado unos charcos enormes de agua y eso nos había impedido al grupo de voluntarios dedicarnos a limpiar el lugar. Estábamos sentados en el área de reunión, observando a un grupo de chicos que jugaban al ajedrez. En un momento se me ocurrió pedirle a un nene de no más de 9 o 10 años que me enseñara a jugar. El chico había llegado a Grecia con su familia desde Siria, pero es algo transitorio ya que pronto van a trasladarlos a Suecia. Le gusta aprender griego y habla un muy buen inglés. Pasamos largo rato juntos con los otros chicos moviendo las piezas mientras él me explicaba cómo tenía que encarar el juego y cómo debía pensar estratégicamente. ‘Si hacés el movimiento correcto, es que sos inteligente’, me dijo en un momento, al tiempo que trataba de darme estímulo para que me animara a jugar. Y agregó una recomendación: ‘un buen modo de aprender el ajedrez también es jugar online'”, contó con una sonrisa Evi.

Y concluyó su relato: “Muchas veces antes diferentes personas me habían enseñado a jugar al ajedrez y a mover las piezas pero siempre olvidaba lo aprendido. Esta vez estoy segura de que no va a volver a ocurrir”.

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